La primera semana de octubre, el equipo de la UPLA presentó los resultados completos del proyecto «Trabajar las memorias», una intervención en un sector de la parroquia La Vega que trabajó de cerca con grupos de niñas, niños, adolscentes, adultos significativos y adultos mayores, con los que propiciaron espacios de reflexión sobre la violencia urbana

La Unidad de Psicología “Padre Luis Azagra, S.J.”, adscrita a la Dirección de Extensión Social de la UCAB, presentó los hallazgos de la segunda fase del proyecto “Trabajar las Memorias”, desarrollado en un sector de la parroquia La Vega desde el primer trimestre de 2025.

El equipo de psicólogos e investigadores, que dirige el profesor de la Escuela de Psicología, Juan Carlos Romero, inició el proyecto en el primer trimestre de 2025 con el objetivo de “construir un espacio para la vida comunitaria de niños y niñas en edad escolar en contextos de vulnerabilidad por violencia urbana para promover la resignificación y reconciliación con el espacio en el que habitan”.

La primera fase estuvo a cargo de Jessica Zambrano y Vanessa Quintero, que trabajaron con los niños y niñas, aplicando el método del libro-álbum (“Los tres bandidos”).

Cuando presentaron los resultados de este primer módulo, en octubre de 2025, dijeron que buscaban “sembrar una semillita” para romper el círculo de la violencia en la zona.

Ahora, un año después, el 8 de octubre de 2026, Daniel Pérez Mena y Kevin González mostraron los resultados de los módulos restantes (adolescentes, adultos significativos y adultos mayores) a las representantes de la organización que financió el trabajo, que felicitaron al equipo por los avances.

Luego de la presentación, el resto de los psicólogos aportaron detalles de los aspectos que les tocó coordinar y se abrió un tiempo para el intercambio sobre los resultaron.

Se explicó que los comportamientos violentos están muy normalizados, de allí que la comunidad valoró positivamente la intervención por la oportunidad de ser escuchados y que se hubieran propiciado los espacios para hacerlos pensar en cosas que no habían pensado antes.

La UPLA atendió en etapa de formación a 693 personas y ofreció atención individualizada a otras siete.

Daniel Pérez dijo que “la mayoría de estos módulos son de intervenciones de mediano alcance en términos de la cantidad de sesiones de intervención (hasta 16). Aquí no hay una atención psicoeducativa breve y puntual (…) Esperamos que se generen vínculos con nuestros beneficiarios y que de esos vínculos emerjan logros psicoeducativos, terapéuticos, de acompañamiento, etc, a través de esta herramienta de intervención”.

En los cuatro grupos estudiados, la UPLA halló violencia en varios frentes, pérdidas y ausencias y que el malestar se refleja en la escuela con “conductas agresivas, impulsividad, dificultades para relacionarse y bajo rendimiento escolar”.

El equipo de investigación se planteó objetivos que fueron alcanzados, y hasta superados en algunos aspectos, dijeron.

  1. Resignificar: Los niños y niñas reflexionaron sobre el bien y el mal, el origen del comportamiento violento y proyectaron comunidades ideales con mejores espacios para la educación, la recreación y el trabajo.
  2. Proyectos de vida: Los adolescentes se permitieron proponerse trayectorias alternas a la violencia, asociadas al emprendimiento y la migración.
  3. Autocuidado: Padres, representantes, cuidadores y docentes compartieron sus estrategias de regulación emocional, cuidado y disciplina. Problematizaron las estrategias ineficientes o inadecuadas.
  4. Habilidades y reconciliación: Adultos mayores problematizaron sobre sus dificultades, vinculándose con sus comunidades y lidiando con los problemas de convivencia. Lograron pensarse nuevamente dentro de las dinámicas comunitarias con un rol más activo.
  5. Acompañamiento terapéutico. Atención a casos de víctimas directas e indirectas de violencia urbana que expresaban malestar psicológico a la atención clínica individual.

Participan también en este proyecto de la UPLA UCAB: Vanessa Quintero, Elsa Fernández, Diego Santoyo, Dakmarmay Madera, Luisa González, Vanessa Tapia, Jhosuaris Mardelli, Jessica Zambrano, Ana Paula Carrera, Andrea Alarcón, Yesimar Moreno y Nicolás González.

Fue importante que al trabajo en campo se incorporaron 14 voluntarios, estudiantes de la Escuela de Psicología, pues pudieron ver cómo se hace el trabajo. Asimismo, de esta etapa se desprenden futuras líneas de acción, como intervención socioemocional infantil; orientación vocacional y proyecto de vida para adolescentes; disciplina positiva y comunicación en adultos significativos; envejecimiento activo, liderazgo y redes de apoyo en adultos mayores.

♦Texto y fotos: Elvia Gómez