Los especialistas de la unidad de psicología de la Extensión Social UCAB reflexionaron, con el público participante, sobre cómo abordar las experiencias traumáticas vividas en la infancia para asumir, durante la adultez, relaciones de pareja sanas y en condiciones de equilibrio

La Unidad de Psicología «Padre Luis Azagra, S.J.» de la Extensión Social de la UCAB desarrolló, este 16 de abril, las XV Jornadas de Bienestar Psicológico, en las que sus expertos abordaron cómo las experiencias traumáticas ocurridas en la infancia pueden afectar las relaciones de pareja en la adultez.

«¿Por qué amo como amo?» fue el título de la actividad que congregó, en el auditorio Padre Gustavo Sucre del campus Montalbán, a un público de diversas edades, ávido de respuestas y consejos.

Las ponencias estuvieron a cargo de las psicólogas Ariadni González y Ana Paula Carrero, luego de lo cual hubo una sesión para preguntas en el auditorio.

Trauma infantil vs adulto seguro

Como premisa, la ponencia inicial de las jornadas habló del trauma vivido durante la infancia, entendido como «una herida que deja una marca imborrable (…) Es una experiencia que supera la capacidad de afrontamiento, dejando huellas duraderas en cualquier persona sin importar su edad».

Esta vivencia involucra situaciones de peligro que pueden ocurrir, por ejemplo, en situaciones de guerra, abuso infantil, accidentes, desastres naturales o violencia sexual.

Ariadni González señaló que la capacidad de amar nace en la etapa infantil, según los cuidados recibidos, no sólo por la presencia física del cuidador, sino también por su sensibilidad hacia las necesidades afectivas del niño.

«Cuando el niño tiene los ingredientes necesarios, se puede desarrollar como un adulto sociable, seguro de sí mismo, capaz de manejar sus emociones».

Por el contrario, explicó que los investigadores han asociado experiencias traumáticas en edades tempranas con conflictos de pareja.

Ana Paula Carrero enumeró cinco puntos fundamentales afectados de forma negativa por un trauma: la autopercepción, el bienestar físico, el bienestar emocional, las creencias y las relaciones.

Señaló que, en la etapa de la adolescencia, «cuando ya no tenemos un rol pasivo en las relaciones y podemos elegir qué vínculos desarrollar», empiezan a surgir las dudas sobre cómo manejar esa vivencia traumática.

No obstante, aclaró que nuevas relaciones dan la oportunidad «de crecer, de tener nuevas experiencias y adquirir nuevas herramientas».

«Al tener una nueva relación de pareja no buscamos sólo a alguien con quien salir, ir a cine o comer un helado, sino que estamos construyendo un equipo, un sistema de apoyo. Si esa persona (pareja) es un vínculo sano y seguro, este vínculo del presente nos va a ayudar a construir estas nuevas cosas», abundó Carrero.

Experiencias traumáticas y desconfianza: algunas claves

La sección de preguntas fue atendida por el director de la UPLA, Juan Carlos Romero, por la psiquiatra Luisa González Lárez y por la psicóloga Jhosuaris Mardelli Flores.

Romero dejó claro que, en una relación de pareja en la etapa adulta, cuando al menos uno de sus integrantes sufrió un trauma, «la recuperación de la confianza supone un proceso laborioso».

«Es necesario que los integrantes de la pareja –uno o ambos– identifiquen una situación que haya disparado el sentimiento de desconfianza», apuntó.

El experto aconsejó fijar unos términos de cómo va a ser la relación. «Es necesario que la pareja formule un acuerdo sobre qué esperan que ocurra en adelante».

Dijo Romero que, en todo caso, lo que se busca es «una relación de mutualidad y de equilibrio, en la que ninguno domine al otro».

Explicó que cuando se ha sufrido un trauma, la persona afectada «actúa como si algo que ocurrió en el pasado tuviera vigencia y estuviera ocurriendo hoy (…) y se vive con la fuerza emocional de lo que pasó alguna vez», aunque ahora ocurra algo que no reviste gravedad.

Paralelamente, cuando el miembro de la pareja afectado por el trauma cree que el otro es el que puede incurrir en romper la confianza, el que genera la duda, «aunque no haya hecho nada, debe sumarse a un contrato de transparencia: qué estoy dispuesto a hacer para, con amor, delicadeza, cuidado, sumar a la armonía de la relación, siendo lo más sincero y transparente posible».

El psicólogo invitó a tener muy presente la diferencia entre los celos (una sospecha infundada) y la constatación de un comportamiento que sí viola el acuerdo entre la pareja.

Para sanar hay que resignificar lo ocurrido

El director de la UPLA recalcó que el camino de la sanación no es olvidar lo que ocurrió, sino resignificar lo que pasó: ubicar esos hechos dolorosos en un marco de la vida de uno y entender qué papel ha jugado, qué consecuencias ha tenido, que incluso pueden ser positivas (…), ubicar esos hechos en el marco de la historia y donde uno enfatice los elementos más sanos».

Por su parte, Luisa González habló de la posibilidad de resignificar la vivencia traumática desde el autoconocimiento.

«Y ese es el trabajo, inicialmente personal, de reconocer qué me hirió, cómo me sentí cuando fui herido y luego pasar por el diálogo, la comunicación y la reconstrucción de esa nueva relación (…) Todo en la vida deja una marca, pero tenemos la capacidad de trabajar, de poder reconocerlo y trabajar de manera distinta», recomendó la psiquiatra.

Jhosuaris Mardelli habló de las relaciones en las que, sin haber sufrido un trauma infantil, uno de los integrantes acepta del otro comportamientos hirientes o irrespetuosos. Llamó a identificar «qué nos está impulsando a conectar con estas personas».

Ante la pregunta «¿cómo detectar la experiencia traumática en otra persona?», Mardelli afirmó que «básicamente, desde sus reacciones a eventos que pudieran no ser tan significativos (…), ver sus reacciones exageradas, inadecuadas, y eso nos genera la duda de si esta persona fue víctima de un evento traumático». Sugirió dialogar, escuchar y empatizar.

Orientación para adolescentes

En la última parte de las XV Jornadas de Bienestar Psicológico de la UPLA-UCAB, los participantes —divididos en cuatro grupos según sus edades aproximadas—, plantearon casos personales y obtuvieron respuestas acordes a sus necesidades, en espacios más pequeños, privados y seguros.

Participaron profesores de la  U.E «Luis María Olaso», así como estudiantes de bachillerato la U.E.T «La Alianza»  y la U.E. «María Antonia Bolívar», ubicadas en la parroquia La Vega. También lo hicieron jóvenes de  la U. E. N. «José Palacios», con sede en Antímano.